Antes de
abordar temática psicoeducativa a fondo, quiero profundizar en las relaciones
que estoy estableciendo con la psicopedagoga con la que comparto el día a día,
mi compañera, y con el resto del equipo del
Departamento de Orientación Pedagógica, en adelante DOP, así como con el resto de la
comunidad.
Estoy muy
gratamente sorprendido. Cuando uno va a un lugar nuevo, hay un factor: la
incertidumbre. No conocer, no saber qué se espera de nosotros, no controlar las
acciones de nuestros roles, todo eso en el comienzo sucede siempre, y eso incomoda.
Eso nos
pasa cuando cambiamos de trabajo, cuando vamos a un lugar nuevo a vivir, cuando
intervenimos en experiencias nuevas. ¿Verdad?. Pero además, nuestro caso es un
añadido porque cuando vamos en calidad de practicantes, a veces, yo al menos,
he tenido la sensación de que estás de “invitado” y de que puedes ser un lastre
para quien de verdad siente la sensación de que debe ser un buen maestro-psicopedagogo
acompañante. Pues yo no concibo las prácticas desde un solo vértice del prácticante
sino también desde el lado de quien está a tu lado y que debe tener la
responsabilidad de facilitarnos la integración, el aprendizaje y nuestra andadura
en el centro y en el mundo de la psicología.
Yo puedo
decir, que como concibo la enseñanza como un
proceso serio y comprometedor, sea cual sea al ámbito laboral en el que
uno empieza a trabajar, uno siempre ha sido “alumno” antes que “maestro”, y por
tanto, se ha debido enfrentar a situaciones en las que ha querido aprender, o
no, y le han querido y sabido enseñar, o no.
Pues sabidos
esos miedos de antemano, mis inseguridades quedaron rápidamente disipadas al
encontrar no sólo una cordial bienvenida a nivel de centro, sino una confianza por
parte de la orientadora que percibo en la forma y en el fondo. Y eso, a pesar
de que tal vez es más cómodo como responsable no tener a nadie al que decir
todo lo que haces ni contestar todo lo que te pregunta el practicante, es
valorado muy muy positivamente por mi parte.
Una señal
de la confianza que ha puesto en mí, y que agradezco, es que en las reuniones
con padres, y en las evaluaciones personales con alumnos, estoy presente.
¿No os
parece que sube la autoestima y hace sentir bien también que en una reunión
privada con una familia, interactúen con el practicante tanto como con la
titular?.
Esa sensación
es un buen reclamo para seguir aprendiendo porque desde la seguridad y el
afecto, así en la vida como en la educación y en el aprendizaje vital a lo largo de la vida , el afecto es la mejor de las lecciones que uno puede
dar, porque esa sí es transferible y aplicable de verdad a las situaciones
cotidianas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario