miércoles, 17 de abril de 2013

AMBIENTE Y SENSACIONES DE ACOGIDA


Antes de abordar temática psicoeducativa a fondo, quiero profundizar en las relaciones que estoy estableciendo con la psicopedagoga con la que comparto el día a día, mi compañera, y con el resto del equipo del Departamento de Orientación Pedagógica, en adelante DOP, así como con el resto de la comunidad.

Estoy muy gratamente sorprendido. Cuando uno va a un lugar nuevo, hay un factor: la incertidumbre. No conocer, no saber qué se espera de nosotros, no controlar las acciones de nuestros roles, todo eso en el comienzo sucede siempre, y eso incomoda.

Eso nos pasa cuando cambiamos de trabajo, cuando vamos a un lugar nuevo a vivir, cuando intervenimos en experiencias nuevas. ¿Verdad?. Pero además, nuestro caso es un añadido porque cuando vamos en calidad de practicantes, a veces, yo al menos, he tenido la sensación de que estás de “invitado” y de que puedes ser un lastre para quien de verdad siente la sensación de que debe ser un buen maestro-psicopedagogo acompañante. Pues yo no concibo las prácticas desde un solo vértice del prácticante sino también desde el lado de quien está a tu lado y que debe tener la responsabilidad de facilitarnos la integración, el aprendizaje y nuestra andadura en el centro y en el mundo de la psicología.

Yo puedo decir, que como concibo la enseñanza como un  proceso serio y comprometedor, sea cual sea al ámbito laboral en el que uno empieza a trabajar, uno siempre ha sido “alumno” antes que “maestro”, y por tanto, se ha debido enfrentar a situaciones en las que ha querido aprender, o no, y le han querido y sabido enseñar, o no.

Pues sabidos esos miedos de antemano, mis inseguridades quedaron rápidamente disipadas al encontrar no sólo una cordial bienvenida a nivel de centro, sino una confianza por parte de la orientadora que percibo en la forma y en el fondo. Y eso, a pesar de que tal vez es más cómodo como responsable no tener a nadie al que decir todo lo que haces ni contestar todo lo que te pregunta el practicante, es valorado muy muy positivamente por mi parte.

Una señal de la confianza que ha puesto en mí, y que agradezco, es que en las reuniones con padres, y en las evaluaciones personales con alumnos, estoy presente.
¿No os parece que sube la autoestima y hace sentir bien también que en una reunión privada con una familia, interactúen con el practicante tanto como con la titular?.

Esa sensación es un buen reclamo para seguir aprendiendo porque desde la seguridad y el afecto, así en la vida como en la educación y en el aprendizaje vital a lo largo de la vida , el afecto es la mejor de las  lecciones que uno puede dar, porque esa sí es transferible y aplicable de verdad a las situaciones cotidianas.   

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