Aprovecho este espacio para compartir una reflexión que
hice al hilo de un artículo de Fernández Anguita en el que ponía en entredicho
el papel del sistema educativo del maestro actual.
En él yo decía que compartía la teoría del Fernández Anguita en cuanto a la dinámica de las escuelas actuales por mucho que se quiera pensar que la visión tradicional se ha superado. No, lo que se ha superado es la forma en la que se instrumentaliza la educación para servir a las mismas funciones con las que se fundó dicha institución sólo que ahora se hace de forma encubierta, pues “parece” haber una apuesta por la diversidad, el respeto a las diferencias, por la igualdad, etc…que no deja de ser humo.
En él yo decía que compartía la teoría del Fernández Anguita en cuanto a la dinámica de las escuelas actuales por mucho que se quiera pensar que la visión tradicional se ha superado. No, lo que se ha superado es la forma en la que se instrumentaliza la educación para servir a las mismas funciones con las que se fundó dicha institución sólo que ahora se hace de forma encubierta, pues “parece” haber una apuesta por la diversidad, el respeto a las diferencias, por la igualdad, etc…que no deja de ser humo.
La educación no deja de ser hoy día un avispero
donde se siguen reproduciendo clases y generando más desigualdades. Desde ella,
se espeta al orden, al respeto y a la autoridad de ciertos estamentos, y ello
no deja de ser contradictorio con la visión de querer formar personas íntegras,
respetuosas, reflexivas y flexibles. Existen grandes contradicciones entre lo
que promulgan los grandes idearios de todos los centros educativos y la
realidad de sus aulas, de sus centros y de las prácticas de muchos de sus
profesores que siguen al dictado el mandato de un estatus establecido en el que
la mejor forma de mantener el orden es imponiendo el miedo y no trabajando
desde el consenso.
Tal cual se defiende en ese documento: “la escuela prima formas de conducta
funcionales para el trabajo colectivo sometido a relaciones de autoridad”
que es lo mismo que decir que vamos
preparando a los alumnos para permanecer pasivos, asalariados, sin voz
ni voto, y súbditos al servicio de unas minorías que el sistema capitalista,
liberal, de reproducción de clases y de darwinismo socia inunda el desarrollo
vital en el que un trabajo y un salario nos debe hacer sentir felices. En el
fondo y en la forma, se espera que seamos meros reproductores de escenarios
bien asentados y sin margen a respuestas alternativas ni por parte nuestra ni
de los alumnos cuyos resultados derivados de modelos conductistas puros y duros
de alumnos, a los que se sanciona o se refuerza según lo que observamos, y el
establishment educativo sigan siendo los esperados, y los que se deriva de una
relación conocida alumno-maestro y basada en la autoridad lo cual generará respuestas
de obediencia y orden, o ¡ojo! Rechazo (pero que serán atajadas muy pronto)
De dicho profesor se espera que tampoco ponga en
jaque ni desacate ninguna orden superior así como que no cree conflictos. Se
espera que su estilo aunque se promulgue favorecer a las mentes reflexivas y
críticas, aplaquen cualquier atisbo de “rebelión” por parte de algún alumno cualquiera
que sea el motivo por el que se rebela, y además sus lecciones contengan una
buena ración de teoría por mucho que se invite a lo contrario.
El profesor que
apuesta en su fuero interno por hacer alumnos críticos aun a riesgo de provocar
problemas en el futuro, será visto como un instigador, como una persona laxa,
sin don de mando, que es condescendiente y que no sirve para ejercer la
docencia. Desgraciadamente, los últimos casos de agresiones contra profesores
refuerzan la visión de orden y mano dura que debe imperar en los centros aunque
dichos casos muestran un problema más de fondo.
La relación se espera asimétrica, y nuestro
comportamiento, dado que seguimos teniendo la sartén por el mando seguirá
siendo el mismo. Sabiendo que el contexto modela y modula, haremos uso de
escenarios y recursos como el aprendizaje vicario donde el “castigo”,
reprimenda o consecuencia en público tenga un efecto vicario en el resto de
participantes de una escena de conflicto. Las reglas quedarán siempre claras, y
ante la más mínima duda respecto a normas ímplicitas se hará explícita. Lo que
se sigue esperando hoy es un modelo autocrático y paternalista respecto a la
relación maestro-alumno, y por tanto, el rol de sumiso es el mismo que se
espera de nosotros cuando interactuamos ante instancias superiores, leáse: los
jefes estudios, directores, compañeros…Sin duda, se establece un repertorio de
comportamientos esperados como el silencio, la organización de aula, el
establecimiento de jerarquías, y la
imposición sutil de normas “acordadas” que no dejan de ser normas, y que
acabarán interirorizándose tanto, que cuando no se hayan dando cuenta ya
tendremos a la criatura lista: un alumno preparado para adquirir conceptos y
jugarse en el circo romano contra otros alumnos con menos recursos cognitivos o
económicos ser víctima o verdugo por la sociedad y la escuela que no ofrece
otra alternativa que el fracaso o el éxito académico pero bajo la disciplina y
el cumplimiento de la norma como telón de fondo. Es un maestro que corrige,
juzga, evalua, estigmatiza y sanciona.
Hola Felipe, veo que eres de Mallorca. Yo también, trabajo en una escuela del Arenal. Saludos!
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