viernes, 17 de mayo de 2013

FALTA DE COLABORACIÓN DE LA FAMILIA

Al empezar este periodo, pronto supe del caso de un alumno de padres africanos que presentaba conductas y resultados poco comunes. Si bien era un caso de Primaria, mi orientadora estaba al corriente y trataba de canalizar algunas de las medidas que creía que se debían tomar con él.

Tras observársele en aula y darle apoyo en algunas tareas, se decidió entrevistarse con la madre para intentar obtener más información, informar a la madre, y hacer un seguimiento conjunto. Desde el principio la madre se opuso a la posibilidad de que su hijo tuviera un problema, cualquiera el que fuera.

La confrontación y cerrazón de dicha madre empezó a ser más fuerte, tanto que hasta se negaba a acudir a dichas entrevistas temiéndose lo peor, y en cualquier caso, ver en las propuestas y la realidad que manejaba el equipo un ataque personal.

El caso no sólo se puso en manos de la EAP de zona, sino que se convocó a varios especialistas con el objetivo de acercarse al problema de ese niño y además lograr el apoyo, el acercamiento y si procedía, el consentimiento de la madre para tomar medidas. Medidas en la que ya se barajaba que dicho alumno dejara el aula ordinaria. Pero hacía falta no tensar la cuerda para dar una solución por el bien de todos, principalmente, el alumno. No había forma de que la madre asistiera a esas entrevistas y a pesar de que su actitud parecía fuera de lugar, cambiando de estrategia desde el equipo, seguro que se podrían obtener otros resultados a lo que estaban obteniendo.


Finalmente, uno de los especialistas dando un giro de tuerca a la situación, ha logrado que la madre no viera en ellos a personas que quieren hacer mal a sus hijo. Yo he vivido esa situación, y creo que en ella han influido tanto el nivel cultural-intelectual de la madre como las diferencias culturales y el impacto que tienen en las formas de comunicación. 

La madre, siguiendo y escuchando a uno de los profesionales del EAP, ha optado por dar su consentimiento para que su hijo forme parte a partir de ahora del programa de ASCE que tiene el mismo centro. No han dado con el diagnóstico, pero se barajan lesiones a nivel neurológico.

Me ha parecido un caso en el que tal vez un lenguaje gestual, más moderado, más empático, más calido, con  un lenguaje más intelegible y más afectuoso hubieran hecho entrar en razón mucho antes a esa madre que mostraba una actitud  de rechazo a todo lo que venía del centro respecto a uno de sus hijos. Una vez más, quiero dejar constancia que sin colaboración no hay soluciones que valgan. Los docentes quieren ayudar, y a la madre, le cuesta aceptar que su hijo no tiene algunas cosas que otros tienen, y que se añade a la falta de habilidades sociales que presenta.

No obstante, mi opinión de los pedagogos y agentes educativos es como la que tengo sobre los médicos. Un médico diagnóstica, informa y cura, pero las formas con qué hace cada una de esas tres cosas son también parte de su trabajo. Así que, sin mentir, pero dañando lo menos posible, debe decir lo que sucede. Y el tono de voz, los gestos, la palabra, etc...son instrumentos que se deben emplear sí o sí.    

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